El girasol de invierno

El girasol de invierno

Se dice que en los panteones a menudo ocurren muchas experiencias sobrenaturales que dan origen a Historias de terror. Sin embargo, pocas son como la que estoy a punto de relatarles.

A César le gustaba esconderse entre las tumbas y así asustar a sus amigos al salir del colegio. Era un muchacho muy bromista, el cual por obvias razones casi siempre terminaba metido en graves problemas.

Algunos de sus compañeros de clase que resultaron afectados por su macabro sentido del humor, hicieron que el director del plantel llamara a sus padres, para que éstos le pusieran un remedio a las travesuras del niño.

– Si ustedes no hacen algo para que mejore la conducta de César, me temo que lo tendré que expulsar de la escuela. Mencionó el director.

– Nosotros no vamos a hacer nada para que cambien su comportamiento. Nuestro hijo no conoce la palabra “No”.

Al oír esa respuesta, el académico tomó la decisión de hablar con el abuelo del niño, quien era el encargado de llevarlo y recogerlo todos los días. El anciano al enterarse se enojó y le prometió al director que su nieto jamás volvería a gastar una broma pesada.

Esa tarde el octogenario le contó una historia a César en la que le decía que si los niños retiraban las flores de los floreros que estaban sobre las tumbas, los espíritus de ese lugar aparecerían para reclamar lo que por derecho les pertenecía.

El chiquillo ni tardo ni perezoso, al día siguiente quiso desmentir el relato que había escuchado el día anterior. Se acercó a un gran mausoleo de mármol y sustrajo un hermoso girasol que aguardaba ahí el paso del tiempo.

En el momento en el que el niño tuvo entre las manos esa flor, sintió que alguien lo tocó por la espalda. Era una mano grande, huesuda y muy fría. Lo que lo hizo devolver el objeto robado fue que al voltearse no vio a nadie.

A partir de ese momento, César fue el alumno mejor portado de esa escuela.